Somos fabricantes de sueños, de fantasías y de modelos; de mundos perfectos y utópicos a los que muchos de los consumidores, nunca podrán acceder. Vale la pena entonces preguntarse si realmente lo venimos haciendo bien o definitivamente el juego se nos esta acabando.
Me pregunto yo: ¿estamos entendiendo o estamos comprendiendo al consumidor?, me lo pregunto porque la dinámica del juego mental ha cambiado. El consumidor dejo de ser pasivo para convertirse en protagonista activo de su propio mundo.
Yo comprendo a mi hija y es que a mi tampoco me gustaba ir al colegio, ni levantarme temprano, ni el sabor de ciertas comidas, por eso algunas veces es difícil reclamarle, la comprendo; el café con leche me resultaba una mezcla desagradable. Quizá hemos superado los tiempos en que nuestros padres como una horda de dictadores, nos obligaban a hacer cosas que ni a ellos mismos les gusto hacer, ¿por qué no nos comprendían si ellos estuvieron el mismo lugar?.
El juego para el creativo publicitario ha cambiado, dejo de ser creador de campañas y soluciones a necesidades, forjador de paradigmas; para pasar a ser un artífice de dinámicas en las que el consumidor crea sus propias soluciones.
La dinámica nos exige entrar en el pensamiento de nuestros consumidores, a los que siempre hemos entendido pero nunca hemos comprendido. Los habíamos visto de lejos porque los medios por los que entrábamos en contacto con ellos eran así, distantes. La globalización y la interactividad implican para el creativo eso, acercamiento al consumidor, implican ponernos en su lugar para que el mundo de anhelos creado no sea postizo y distante a el.
Conocer al consumidor y al receptor de la comunicación publicitaria no es entenderlo, se hace necesario comprenderlo, se vuelve vital acercarnos a su mundo solo para complementarlo y engrandecerlo junto con el, ponernos en sus zapatos.
Vivir el mundo real del consumidor es el reto a la creatividad del siglo XXI, los modelos mentales fabricados para muchos han dado paso a los individuales, los nuevos consumidores claman por espacios nuevos en los que ellos son protagonistas y nosotros un componente activo de su mundo.
Dejar de entender y pasar a comprender será la exigencia para todo aquel que intente persuadir, el arte de convencer estará dado para aquellos que apliquen esto y para los que tengan claro que entender estuvo bien por un tiempo pero que hoy mas que entender se pide comprender.

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